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La grieta llegó al crédito en Argentina
El sistema financiero argentino enfrenta una paradoja: la menor profundidad crediticia de América Latina y altos índices de préstamos impagos, afectando a pymes y millones de argentinos.
El sistema financiero argentino enfrenta una encrucijada estructural que condiciona cualquier intento de recuperación sostenida. Actualmente, la economía local presenta una dualidad: un volumen de financiamiento formal sumamente raquítico frente a la producción interna y una aceleración de deudas familiares y comerciales en situación crítica.
Según el último reporte de la Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN), la relación crédito al sector privado sobre el PBI en Argentina se ubica en apenas el 14,3%, posicionando al país en el último lugar entre los 16 distritos evaluados del continente, muy por debajo del promedio regional del 47,3%.
El diagnóstico elaborado por IES Consultores revela un estancamiento en el sector corporativo. La Central de Deudores (CENDEU) del Banco Central (BCRA) registra 283.948 empresas con deuda vigente, consolidando una cartera total de $91 billones. A pesar de un aparente crecimiento real del 5,9% interanual a julio de 2026, el financiamiento productivo ha entrado en un estancamiento desde el último trimestre de 2025.
La distribución del financiamiento muestra una severa grieta sectorial: la industria explicó el 93% del crecimiento interanual de la asistencia, con un incremento real del 17,9% interanual para julio de 2026. Sin embargo, el consumo masivo y la construcción también mostraron avances, mientras que la producción primaria y los servicios sufrieron caídas.
La morosidad ha aumentado drásticamente, impulsada por las altas tasas de interés y la disminución del poder adquisitivo. Se estima que 20,6 millones de argentinos poseen deudas vigentes, y el 27,2% de ellos arrastra atrasos en sus pagos. La cantidad de morosos ha crecido de un millón a 2,4 millones en un año, con un alarmante 37,7% de los menores de 25 años ya en situación de mora.
El BCRA reporta que el 7,7% del financiamiento total del sector privado bancario está en situación irregular, siendo el porcentaje de morosidad en individuos del 12,8%. La morosidad en el consumo masivo alcanza el 16,7% en préstamos personales y 12,8% en tarjetas de crédito. En contraste, los créditos hipotecarios se mantienen estables en niveles bajos.
A mediados de año, el Gobierno celebró un aparente cambio de tendencia en la morosidad, aunque se señala que este estancamiento no se debe a la cancelación de deudas, sino a un reordenamiento contable en los balances de los bancos. El ministro de Economía, Luis Caputo, descartó cualquier intervención sobre las tasas del mercado minorista, afirmando que es un tema entre privados.
Desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), se ha indicado que el aumento en las tasas de morosidad no representa un riesgo significativo para la estabilidad financiera del país, dado que el endeudamiento de las familias argentinas sigue siendo bajo en términos globales y las entidades bancarias mantienen elevados colchones de capitalización.
Mientras las grandes industrias concentran los escasos recursos del crédito formal, la falta de financiamiento genuino a tasas reales sostenibles para el consumo de pymes y hogares continúa siendo un obstáculo para los ingresos de la sociedad argentina.
Fuente: Ámbito