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Bajó la morosidad, pero persisten desafíos económicos
La morosidad ha disminuido, pero persisten problemas económicos que afectan la capacidad de pago de los hogares y empresas, advierte el economista Germán Rollandi.
La refinanciación de deudas y la depuración de las carteras de los bancos han contribuido a la reciente disminución de los incumplimientos, aunque el problema de la morosidad sigue sin resolverse. El economista Germán Rollandi advirtió que la falta de recuperación de los ingresos, las restricciones al crédito y el aumento de la morosidad en las empresas anticipan un escenario complejo para los próximos meses.
A pesar de que los indicadores muestran una mejora respecto de los máximos registrados, Rollandi señaló que esta caída no necesariamente refleja una mayor capacidad de pago de los hogares. “El panorama macro no cambió, con lo cual la falta de ingreso y la escasez de recursos es lo que está mostrando que esta morosidad no va a bajar rápidamente”, explicó.
Uno de los factores que contribuyeron a reducir los niveles de incumplimiento fue la renegociación de obligaciones. Según detalló Rollandi, los bancos refinanciaron alrededor de $2,9 billones, un monto equivalente a cerca del 4% del saldo total en mora. Estas operaciones tuvieron especial intensidad durante septiembre, aunque los datos oficiales disponibles llegan hasta agosto. Sin embargo, advirtió que el efecto de los acuerdos no se refleja de inmediato: “Cuando uno refinancia, para bajar y salir de la mora, hay que esperar un par de meses y confirmar qué es lo que está pasando”.
A pesar de la renegociación, no hay garantía de que los deudores puedan cumplir con los nuevos compromisos. Rollandi mencionó un relevamiento de la consultora Econviews, que indica que uno de cada cinco clientes que ingresaron en mora durante el período reciente ya había refinanciado sus obligaciones.
Otro elemento que incidió en la reducción fue la depuración de las carteras bancarias. Las entidades comenzaron a desprenderse de préstamos incobrables, especialmente de aquellos clasificados en las categorías de mayor riesgo. Al vender esos créditos a empresas especializadas en cobranzas, dejan de contabilizarlos dentro de sus propios registros. “En realidad no es que desaparece la morosidad, aparece en un sector que no es contabilizado por estas estadísticas”, aclaró Rollandi.
A pesar del retroceso reciente, los registros continúan muy por encima de los valores considerados normales. En 2024, durante un período de mayor estabilidad, la morosidad de las familias se ubicaba en torno al 2,5%, frente a niveles que llegaron a superar el 12%. “Estamos hablando de 10 puntos. Es muchísimo”, sostuvo Rollandi, quien también mencionó estimaciones que ubican en alrededor de seis millones la cantidad de personas con dificultades para cumplir sus obligaciones financieras, lo que representaría cerca del 37% de la población económicamente activa.
La evolución de la morosidad no es igual en todos los tipos de financiamiento. Las tarjetas de crédito muestran una reducción de los incumplimientos, en parte porque fueron uno de los primeros compromisos que los hogares dejaron de pagar cuando comenzaron las dificultades. En cambio, los préstamos personales y los créditos prendarios todavía presentan aumentos de la morosidad.
La cautela de las entidades financieras también limita una recuperación más rápida. Después del incremento de los créditos impagos, los bancos endurecieron sus condiciones y priorizan a clientes con antecedentes de cumplimiento. Rollandi explicó que la reducción de la morosidad puede estar relacionada con la composición del crédito total: si disminuye el volumen de préstamos y los deudores que permanecen al día siguen cumpliendo, el porcentaje de incumplimiento puede bajar, aunque no haya una mejora generalizada de la capacidad de pago.
La situación de las pequeñas y medianas empresas presenta otra señal de alerta. Mientras los indicadores de los hogares muestran una leve mejora, los incumplimientos empresariales continúan creciendo. En este contexto se inscribe la decisión anunciada por el ministro de Economía, Luis Caputo, de suspender los embargos sobre las pymes. Rollandi consideró que la medida responde a las dificultades que atraviesan estas compañías y al riesgo de profundizar el deterioro productivo.
Las perspectivas para 2027 indican que las probabilidades de incumplimiento estimadas por los bancos han comenzado a retroceder, aunque permanecen en niveles elevados. En el caso de las familias, han bajado respecto del máximo registrado en octubre de 2025, pero todavía son tres veces superiores al promedio de los últimos 20 años. Para las empresas, la mejora es más limitada, y la probabilidad de que las pymes no puedan pagar sus compromisos sigue por encima de los registros de octubre del año pasado.
Rollandi anticipó que la morosidad podría disminuir levemente hacia el cierre del año, aunque no como resultado de una recuperación sólida de los ingresos. “No porque hagan más crédito, no porque la gente empieza a cumplir más, sino que lo que se observa es que el estancamiento de ingresos va a sostener la tasa de morosidad en un nivel relativamente alto”, afirmó. Las perspectivas de financiamiento tampoco muestran señales de una expansión inmediata, ya que la falta de recomposición de los ingresos y las bajas expectativas de demanda entre los empresarios condicionan la actividad.
Fuente: El Litoral