Etiopía.Conflicto armado
Nuevo conflicto armado en Etiopía tras ruptura de tregua
Etiopía enfrenta una nueva crisis armada tras la ruptura de la tregua de 2022, con ofensivas de fuerzas rebeldes y la intervención de Eritrea.
Una nueva y grave crisis armada ha estallado en Etiopía tras la ruptura de la frágil tregua vigente desde 2022, sumiendo al país más poblado de la región en una fase de "guerra abierta". La reactivación de las hostilidades se desencadenó tras la toma coordinada de los tres principales aeropuertos de la región septentrional de Tigray, Mekelle (la capital regional), Axum y Shire, por parte de las fuerzas tigrayanas (TPLF). Esta maniobra, iniciada la semana pasada, forzó la suspensión inmediata de todos los vuelos comerciales de la aerolínea estatal Ethiopian Airlines hacia esa parte del país.
Paralelamente, una inédita coalición de insurgentes denominada Alianza de Fuerzas de los Pueblos Etíopes por la Supervivencia, conocida también como la "Alianza de los 7 Ejércitos", anunció el inicio de una ofensiva coordinada contra el Gobierno federal conducido por el primer ministro Abiy Ahmed, con el objetivo de derrocarlo y establecer un ejecutivo de transición.
Los enfrentamientos armados se desarrollan simultáneamente en diversos ejes geográficos clave, siendo los frentes de Tigray y Afar los principales. En estos frentes, las fuerzas del TPLF, en coordinación con el Frente de Unidad Revolucionaria Democrática de Afar (ARDUF), avanzaron sobre localidades fronterizas como Abala, Erebti, Berhale, Megale y Dallol. Las autoridades locales de la región de Afar denunciaron que tropas regulares del ejército de Eritrea intervienen directamente con mandos y armamento pesado, con el propósito de cortar la carretera estratégica que conecta Adís Abeba con los puertos de Yibuti.
En el frente de Amhara, fuerzas rebeldes de la milicia FANO y unidades tigrayanas han chocado contra el Ejército federal a lo largo de la autopista A2 y la ruta Dessie–Woldiya, bloqueando vías neurálgicas de transporte. Cerca de la ciudad histórica de Lalibela, mandos militares gubernamentales afirmaron haber neutralizado a más de 270 combatientes insurgentes. Pese a los avances terrestres de la insurgencia, el Gobierno federal de Adís Abeba sostiene que mantiene la superioridad en el espacio aéreo mediante el despliegue sistemático de vehículos aéreos no tripulados.
El conflicto enfrenta a una estructura estatal centralizada, el Gobierno Federal de Etiopía, con una coalición de grupos rebeldes que sostienen visiones de país marcadamente contrapuestas. El Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF), que fue hegemónico en la política etíope entre 1991 y 2018, argumenta actuar en "guerra defensiva" ante el bloqueo económico e incursiones previas de las fuerzas federales. En menor escala se ubica la Milicia Amhara (FANO), un grupo armado de etnia amhara que aboga por un Estado fuertemente centralizado. Aunque actualmente combate junto al TPLF contra Adís Abeba, históricamente ha mantenido una profunda enemistad con los liderazgos tigrayanos.
También se destaca el Ejército de Liberación Oromo (OLA), que exige mayores cotas de autonomía para la región de Oromia. Pese a integrar la alianza táctica, mantiene disputas territoriales y políticas con los grupos amhara. El Frente de Liberación Nacional de Ogaden (ONLF), único actor con plataforma secesionista, rechazó sumarse a la coalición armada para priorizar vías de negociación. Eritrea, país vecino, ha cambiado su alineación geopolítica respecto al conflicto de 2020, donde apoyó al gobierno central de Etiopía, y actualmente interviene de forma indirecta y directa apoyando a sectores opuestos a Adís Abeba.
El estallido armado en Etiopía no puede analizarse de forma aislada, dado que ocurre en el corazón del Cuerno de África, una de las áreas de mayor sensibilidad geoestratégica global. Etiopía se sitúa en las inmediaciones del estrecho de Bab el-Mandeb y el Mar Rojo, un corredor marítimo neurálgico para el comercio energético y de mercancías entre Asia y Europa. Esta zona ya experimenta un alto grado de volatilidad debido a los ataques de la milicia hutí en Yemen y las tensiones militares derivadas de su conflicto con Arabia Saudita y coaliciones internacionales.
La crisis se superpone a otros focos de alta inestabilidad vecina, como la prolongada guerra civil en Sudán, que ha provocado el desplazamiento de hasta 14 millones de personas, y la fragilidad institucional en Somalia. En el caso de Sudán, las acusaciones etíopes indican un supuesto apoyo logístico a los grupos armados del norte. Por el lado somalí, a su habitual fragilidad se le suma la reciente consideración de estado por parte de Israel a la región separatista de Somalilandia, que también cuenta con un entendimiento junto a Etiopía con la salida al mar como eje.
Finalmente, se observó a la Fuerza de Defensa Nacional Etíope (ENDF) movilizando sistemas de defensa aérea de corto alcance FK-2000, probablemente a través de los Emiratos Árabes Unidos.
Fuente: El Litoral