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    Nación.Agricultura y clima

    El Súper Niño pone a prueba al agro: prevén mejores rindes, pero las lluvias pueden demorar y encarecer la cosecha

    El fenómeno climático en el Cono Sur genera un mapa productivo heterogéneo, con exceso de agua en algunas regiones y humedad ajustada en otras, afectando la cosecha.

    3 min de lectura

    El fenómeno del Súper Niño y su impacto en la agricultura
    Foto: Ámbito

    La llegada del Súper Niño ha reconfigurado las decisiones en el mapa productivo del Cono Sur. Tras ciclos consecutivos marcados por un estrés hídrico severo, la disponibilidad de agua vuelve a ubicar las proyecciones de volumen por encima de los promedios históricos. Sin embargo, el escenario es heterogéneo y presenta riesgos operativos que van desde complicaciones en la trilla hasta cuellos de botella en la infraestructura vial rural.

    Según especialistas, la anticipación y la gestión del riesgo se han vuelto variables determinantes para los productores de la región. Contar con información meteorológica antes del inicio del ciclo ha permitido ajustar los planes de siembra y reorganizar el uso de maquinaria. A pesar de la mayor disponibilidad de agua, esto no garantiza la rentabilidad.

    En cuanto al impacto económico proyectado en Argentina, se espera una recuperación de los ingresos de divisas para la campaña 2026/2027. Sin embargo, se prevén sobrecostos de fletes y demoras en el flujo hacia las terminales portuarias del Gran Rosario.

    La distribución de las precipitaciones en el país muestra un comportamiento heterogéneo. Las zonas productivas del noreste, como el este de Chaco, el centro-norte de Santa Fe y Entre Ríos, han registrado acumulados por encima de la media. En contraste, el oeste de Chaco y Santiago del Estero mantienen un perfil de humedad más ajustado, lo que afecta el desarrollo del girasol y acelera la recolección de los lotes de trigo.

    La consultora Mariela Brandolin ha señalado que la coyuntura climática y de costos ha modificado las decisiones de siembra en la región. El área de maíz tardío en el norte del país sufrirá una reducción considerable debido al impacto de la chicharrita y el aumento en los costos de flete, lo que derivará en una mayor siembra de soja. Para compensar esta merma, la zona núcleo y el centro del país han volcado un volumen significativo de hectáreas hacia el maíz temprano de primera.

    Brandolin también ha destacado que los productores han acelerado las labores de siembra para esquivar las ventanas de mayor variabilidad térmica y precipitaciones intensas proyectadas para los meses de verano. Sin embargo, las temperaturas moderadas y la persistencia de días nublados imponen un desafío adicional tanto para la emergencia de los cultivos de verano como para el secado y la cosecha del trigo en marcha.

    En el ámbito del mercado, se estima que Argentina podría incrementar entre 3 y 4 millones de toneladas tanto en soja como en maíz gracias a los mejores rindes por el clima. No obstante, este aumento en la oferta local no resultaría bajista para los precios internacionales, ya que la atención de los operadores se mantiene en la evolución del Súper Niño sobre el norte de Brasil.

    En el frente externo, el mercado global observa con atención a Brasil, donde los pronósticos de sequía en Mato Grosso amenazan con postergar las labores de siembra y comprometer los rendimientos. Además, el exceso de lluvias en el sur brasileño deteriora la calidad del trigo local, lo que podría elevar sus necesidades de importación a un nivel récord.

    El ingeniero agrónomo Daniel Peré ha remarcado la importancia de utilizar la información meteorológica como herramienta clave para la toma de decisiones. Asegura que, con la disponibilidad de agua, la producción puede planificar su siembra con mayor confianza. Sin embargo, el exceso de humedad durante las etapas finales o la cosecha puede complicar la calidad del grano y retrasar labores clave.

    Por otro lado, el técnico agropecuario Horacio Cáceres ha alertado sobre los riesgos sanitarios y operativos que genera el exceso de humedad en el cierre del ciclo de los cultivos de invierno. Las lluvias intensas y las altas temperaturas favorecen la aparición de enfermedades fúngicas, además de afectar a la cebada y la colza.

    La logística de transporte y la infraestructura vial son puntos críticos para la extracción de la cosecha. En regiones donde los caminos rurales sufren anegamientos, el uso de herramientas de almacenaje en origen, como el silobolsa, se ha vuelto indispensable para evitar la paralización de la trilla.

    El resultado definitivo de la campaña dependerá de la capacidad de respuesta técnica para capitalizar el potencial hídrico sin perder atributos de calidad en el trayecto hacia el puerto.

    Fuente: Ámbito

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