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Deuda récord, guerras e IA: los mercados temen una "tormenta perfecta"
El aumento del costo de financiamiento y el shock energético generan un escenario global frágil. Especialistas analizan los riesgos y sus posibles consecuencias para la economía local.
La deuda mundial se mantiene por encima del 235% del PBI, según la última base global del FMI, un nivel que supera el 229% registrado antes de la pandemia. La deuda pública alcanzó casi el 94% en 2025 y se proyecta que llegue al 100% hacia 2029, una marca que solo se había observado a escala global tras la Segunda Guerra Mundial. Además, el gasto en intereses pasó de alrededor del 2% a casi el 3% del PBI en apenas cuatro años, reflejando el impacto de refinanciar deuda a tasas más altas.
El petróleo ha vuelto a superar los u$s100, lo que renueva la presión sobre la inflación y las tasas a nivel global. En Estados Unidos, el Treasury a diez años llegó al 5%, mientras que el bono a 30 años alcanzó sus mayores rendimientos desde 2004. En Europa, el Bund alemán a diez años también tocó máximos desde 2009. Por su parte, el Banco de Japón elevó su tasa al 1,25%, el nivel más alto en 31 años, mientras las oscilaciones del yen presionan al carry trade, sostenido sobre un volumen récord de 360 billones de yenes de endeudamiento transfronterizo.
El boom de inteligencia artificial ha agregado otro gran demandante de capital, con la emisión de deuda de los principales grupos tecnológicos que podría alcanzar u$s420.000 millones en 2027, un 60% más que en 2026. Ante esta coyuntura, el principal riesgo es que estos factores comiencen a retroalimentarse entre sí. Una mayor emisión puede presionar los rendimientos al alza, encareciendo el refinanciamiento y el crédito, mientras que un nuevo shock inflacionario puede dificultar cualquier relajamiento monetario.
Alberto Bernal, jefe de Estrategia Global de XP Investments, señala que la velocidad con la que suben las tasas internacionales es preocupante, destacando un movimiento de 15 puntos básicos en una sola rueda del Treasury a diez años. Considera que el mercado de renta fija es uno de los principales riesgos sistémicos del momento, y que las herramientas para revertir esta dinámica son limitadas.
Tomás Sisto Bourel, de Fortress Capital, introduce una distinción importante, señalando que el petróleo es un riesgo coyuntural, mientras que el problema de fondo radica en el escenario de tasas elevadas y el crecimiento de la deuda estadounidense, que aumentan las necesidades de refinanciamiento.
La caída de los bonos no se limita al mercado financiero; a medida que bajan sus precios y suben los rendimientos, el costo del dinero se traslada al resto de la economía, encareciendo el crédito hipotecario y de consumo. Esto podría llevar a un círculo vicioso que afecte el consumo y la inversión, aumentando el riesgo de recesión.
Fortress Capital también advierte que la persistencia de déficits elevados y una deuda creciente podría traducirse en una pérdida de poder adquisitivo del dólar, lo que afectaría a los bonos que pagan intereses fijos. En este contexto, se vuelve relevante identificar no solo dónde puede originarse una eventual tensión, sino también qué activos están mejor preparados para atravesarlos.
A pesar de las tensiones, los mercados accionarios permanecen cerca de niveles récord. Bernal ve oportunidades en la renta fija de EE.UU., bajo la hipótesis de que una eventual descompresión del conflicto en Medio Oriente podría aliviar la presión inflacionaria. Por otro lado, Sisto Bourel observa una relación riesgo-retorno atractiva en minería y energía, sectores que podrían desenvolverse mejor en un escenario de mayor inflación global.
Para Argentina, la persistente suba de tasas internacionales representa una dificultad para recuperar acceso estable al crédito externo. Sin embargo, la exposición del país a energía, minería y agro podría ofrecer oportunidades, especialmente si se sostiene el valor de commodities estratégicos. La minería, en particular, podría convertirse en un motor estructural de generación de divisas, aunque esto dependerá de que el potencial productivo se materialice en un mercado internacional de capitales más exigente.
Fuente: Ámbito